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El pregón de un hombre íntegro

Texto: Manuel Madrid Delgado
(publicado en www.cruzdeguia.org)



UN ENCARGO SINGULAR.
Hace unas semanas, Eugenio Santa Bárbara me advertía: “Tengo un encarguillo para ti”, sin más. Misteriosamente. Sólo unos días después me dijo que quería que realizase la crónica del Pregón de la Romería de la Virgen de Guadalupe de 2010… que él iba a realizar. Reconozco que, de entrada, el encarguillo no fue plato de mi gusto: “Vaya, ahora tendré que asistir a uno de esos actos cofrades de relleno que tan poco me gustan.” Pero luego, conforme pasaban los días iba pensando que por qué no, que aquello, en realidad, no sería un pregón cualquiera, un pregón más: se trataba de ir y escuchar lo que Eugenio tenía que contar, y luego pasar mis impresiones a un papel. Y yo mismo me fui convenciendo de la bondad de asistir al Pregón de Eugenio: porque conforme pasaba el tiempo, estaba más y más convencido de que Eugenio tenía algo que decir, porque siempre tienen algo que decir las personas convencidas de sus ideas.
Y llegó, cuajado de primaveras y soles y vencejos, el domingo del Pregón.
Me gustan estas tardes azules de la primavera, que siempre tienen una condición oculta de víspera de algo: víspera de Semana Santa, víspera de Romería, víspera de paseos para “ir a ver a la Virgen”, víspera de la vida que estalla. Lo pensaba ayer, mientras iba calle Nueva arriba, camino del Hospital de Santiago. Al subir la lonja, ya estaba convencido de que la tarde olía a Virgen de Guadalupe… porque, ¿a qué huele la Virgen de Guadalupe, a qué huele todo eso que la Virgen convoca en nosotros? Tal vez a la emoción que se notaba en los ojillos vivaces de Eugenio, en el patio grande del Hospital, mientras recibía saludos, ánimos y era fotografiado. Tal vez al gesto solemne de su hijo Jesús, que ayer sentía que su padre era no un personaje sino una persona importante. Pero sobre todo, la Virgen de Guadalupe huele y sabe y convoca en nosotros todo aquello que Eugenio desgranó, minutos después, en su Pregón.


LA PRESENTACIÓN DE MARCOS E. MORILLAS
El viernes por la mañana, Marcos Expósito había estado charlando un rato conmigo en el Ayuntamiento –cosas de director desocupado, claro– y me comentó: “dile a Eugenio que te estoy leyendo la presentación”. Para entonces no la tenía ni escrita, pero yo le dije a Eugenio que Marcos lo ponía por las nubes y que al terminar iba a tener que darle un beso en los morros. Y Eugenio, que conociendo como conocemos a Marcos se temía lo peor, me dijo que le pidiese que se tuviese, que se contuviese. Pero Marcos E. Morillas, el forero de cruzdeguía que siempre tiene un acertado comentario, es un tipo serio que sabe estar. Y supo estar en la presentación del Pregonero.
Para cuando Marcos comenzó a hablar, su mujer ya había tenido que coger en brazos a su hija, que gorgojeaba a mis espaldas, y tuvo que pasearla un rato por entre los laterales de una antigua capilla del Hospital de Santiago cuajada de público. Y es que fueron muchos los que acudieron a escuchar a Eugenio en un medido acto organizado por la Archicofradía de la Virgen de Guadalupe, que no escatimó en detalles y guiños guadalupanos para la ocasión.
Marcos, que comenzó su presentación haciendo referencias a Lola Flores –Marcos y sus cosas–, dejó claro que para él era sobre todo un orgullo presentar a Eugenio y dijo estar convencido de que Eugenio lo había escogido para presentar este Pregón para cumplir con él, reservándose a alguien de más postín –“ de magistrado para arriba”– para el Sábado de Ramos en que tenga que pronunciar su Pregón de Semana Santa. (Como suele ocurrirnos, Marcos y yo estábamos de acuerdo: sería un gesto de sensatez de la suma autoridad cofrade que Eugenio pregonase la Semana Santa.) Pero él, Marcos, no se sentía minusvalorado, porque el Pregón de la Romería es importante por sí mismo: muy pocos pueblos pueden presumir de pregonar una devoción y una historia que tiene más de 625 años de historia. Y así, con su verbo fluido –y veloz: el presentador quería pasar rápida y discretamente por el escenario y lo consiguió, lo que hace de su presentación una presentación ejemplar– fue desgranando el currículum no tanto profesional cuanto moral y personal de Eugenio Santa Bárbara. No voy yo aquí, claro está, a repetir todo lo que Marcos dijo, porque en realidad tampoco llegué a enterarme de todo: mientras Marcos hablaba yo me reafirmaba en la idea de que Eugenio Santa Bárbara es, sobre todo, un hombre íntegro, esto es, una persona de una pieza. Maestro ejemplar, esposo ejemplar, padre ejemplar –y ejemplar, no confundamos, no significa “perfecto”, sino digno de ser imitado o seguido–, cristiano valiente y comprometido, sin complejos, persona inclasificable ideológicamente, independiente. Y todas estas cosas, que en boca de otros presentadores suenan a adulación de amigos o a cosas que tienen que decirse por puro compromiso, en boca de Marcos y referidas a Eugenio suenan a algo sinceramente cierto, inevitablemente cierto: Eugenio es como Marcos dijo que es.
No en todo –era de esperar– podía estar de acuerdo con Marcos. Llevaba razón cuando afirmó que Eugenio y su mujer forman una pareja admirable, y que el mejor ejemplo de eso es la manera en que han educado a sus hijos. Pero erraba el presentador al decir que la mejor muestra de esa esmerada educación que han dado a sus hijos es que Jesús, el pequeño, quiere hacerse cofrade de la Santa Cena… si quisiera hacerse hermano de Jesús Nazareno, pues sería otra cosa… ¡pero de la Santa Cena, que hasta le han quitado el foco verde a Judas! “Pero hombre, Marcos, un poco de seriedad”, pensaba yo mientras Vanesa volvía a la butaca con Ana Pilar ya más calmada y sonriente y mientras Marcos terminaba su presentación, y el auditorio aplaudía y Eugenio, lentamente –con la lentitud del que se sabe abrumado de responsabilidades– subía al escenario y él y Marcos se abrazan sobriamente, sinceramente, sin esas efusiones que ahora tanto se llevan y que tan postizas parecen. (Y mientras Marcos Expósito Morillas bajaba del escenario, Eugenio comenzaba a saborear la soledad del pregonero, el momento solemne de quedarse solo, de comenzar a tragar saliva para que la garganta no se reseque, para que no fallen los músculos o los nervios: durante todo el Pregón tuvo el gesto contenido, no sé si de nerviosismo tapado con una falsa seguridad o con un aplomo conquistado con cada frase desgranada, y no abrazó el atril: cruzaba los brazos en la espalda o sobre el pecho, como si más que un Pregón dirigido a la Virgen de Guadalupe nos diese una lección de maestro en esencias del Gavellar.)


UNA VIDA ATRAVESADA POR LA VIRGEN
Eugenio es un buen orador porque tiene el verbo certero, la palabra segura y exacta con la que excavar en el fondo de las emociones que afloran, necesariamente, en todo pregón: él, que le dedicó el suyo a Ana, a quien la Virgen de Guadalupe puso en el camino de su vida un 1 de mayo de 1975, se definió como indómito e imprevisible y anunció que el suyo sería un pregón alegre y festivo, para animar a los ubetenses a ir a por su Virgen hasta Guadalupe y traerla a Úbeda en un cortejo de felicidades. En el fondo Eugenio sabía –sabe– que en cada palabra de un pregón como el suyo de ayer se convoca una nostalgia, si quiera la melancolía de las felicidades idas en las romerías pasadas. Pero él –sabio y comedido en las emociones, contenido en la felicidad para expresar mejor la añoranza de la vida que pasa– supo conjugar con maestría esas dos dimensiones imprescindibles de la Romería de la Virgen de Guadalupe: la necesaria alegría, la imprescindible panoplia de recuerdos.
Eugenio quería ofrecer un Pregón alegre, festivo, y lo consiguió. Pero como dijo al principio “cada devoto de la Virgen lleva un pregón clavado en el fondo de su corazón” –allí, cierto es, cada uno tenemos nuestras alegrías de mayo, nuestros recuerdos de mayo–, y lo que tiene que hacer el Pregón oficial, es cuajar un intento para que salgan a la luz esos sentimientos íntimos de miles de ubetenses: el Pregón tiene que ser el punto de encuentro de todos los pregones particulares, una especie de comunión de sentimientos de los ubetenses guadalupanos. ¿Consiguió Eugenio concitar en su Pregón nuestros pregones…?
Autodidacta de la devoción a la Virgen de Guadalupe, comenzó el pregonero a bucear en sus memorias, que lo llevaron hasta una casa en la que la Virgen de la Cabeza concitaba todas las devociones y en la que la Virgen de Guadalupe parecía no ser más que la vaga referencia de un pueblo adoptivo para la familia de Eugenio. Pero él, niño inquieto, quiso indagar en la esencia de un pueblo que era el suyo y así conoció “a Guadalupe”, una mañana de mayo, en la vieja capilla del Hospital de Santiago. Convencido como dijo estar de que la Divina Providencia supervisa y socorre los asuntos de los hombres, es fácil imaginar a aquel niño rubiales y nervioso sentado una mañana de mayo en los bancos de Santiago, preguntando quién era aquella Virgen diminuta, “colega y competencia” de la Virgen de su madre; y siguió viendo a la Virgen cada mañana en Santiago hasta que se la llevaron con una tal “Santa María”.
Me gustó el Pregón de Eugenio, pero me gustó sobre todo esa parte en la que reconoció que la Virgen lo ha esperado en todos los momentos de su vida, en los buenos y en los malos. De ahí, concluye Eugenio –y concluye sabiamente– que la Virgen más que fuera –en la parafernalia romera– está dentro, en el corazón de sus hijos, en ese espacio recóndito en el que alientan las verdaderas emociones, las alegrías sin mentira, los recuerdos no empañados por el olvido. Y sí, debe estar presente la Virgen en cada momento de la vida de Eugenio porque gracias a Ella, cuando por primera vez obtuvo el “placet” paterno para hacer el camino de la madrugada hasta Guadalupe –en cada hito del caminos sus amigos le ensañaban los nombres ubetenses de los parajes, tipo “Arroyoladesa” y similares–, conoció a Ana. En este punto, humilde, debió romper alguno de los mitos que sus hijos tuviesen sobre él, pues reconoció que por mucho que haya galleado diciendo que en cuanto la vio dijo “esta rubia es para mí”, lo que en realidad pasó es que la Virgen le dijo a Ana “toma, ahí lo llevas, apáñatelas con él, que yo desde tan lejos poco puedo hacer”. ¿Sentó cabeza, a partir de esa Romería inaugural, el joven díscolo amante de Bob Dylan y de las ligadas en el Martos, el joven díscolo que parecía salido de una novela de Muñoz Molina? Pues debió sentarla, porque ahí lo teníamos en el escenario, hombre hecho y derecho y encorbatado, tímido al confesar los más íntimos secretos de su corazón, ahí lo teníamos reconociendo que fue su mujer la que lo empujó –en realidad su mujer le ordenó ser Secretario, pero él, en un prurito penúltimo de gallo no fue capaz de reconocer que aquí mandan las mujeres– a ser Secretario de la Archicofradía de la Virgen –“dile a Juan Luis que si vas a ser Secretario porque le debemos mucho a la Virgen”–. Con esta confesión cerraba Eugenio el círculo del aliento guadalupano en su vida: no hay nada casual en la presencia que la Virgen de Guadalupe ha tenido en el devenir de Eugenio, todo está hilado, todo trazado como un plano amoroso de la Virgen por su hijo. Y, agradecido por tanto bien derramado, Eugenio lo que quería anoche era contagiarnos su pasión por una Romería que por suerte no es “mediática, ni multitudinaria ni pija”.


…PARA ROMEROS SIN COMPLEJOS
Para entonces, yo ya estaba identificado con el discurso de Eugenio. Y llegados a este punto, ¿cómo no compartir su orgullosa reivindicación de esta Romería pequeña, íntima, que te permite sentarte casi al lado de la Virgen para darle las gracias o pedirle o para simplemente mirarla? ¿Cómo no coincidir con él en que en realidad siempre hemos estado mayores para ir haciendo el tonto y saltando rejas, porque la nuestra ha sido siempre una devoción de hombres que al llegar al Gavellar cuando rompe el día nos sentimos jóvenes sin necesidad de machadas estúpidas? ¿Cómo no coincidir con él cuando cantaba las virtudes de esta Romería sin banderamen de cofradías peregrinas de no sabemos cuántos lugares lejanos, de esta Romería sin polvos del camino, ni flautas ni tamboriles, ni famosos ni obispos, sin ríos en los que bañarse, sin guitarreo y sin lágrimas exageradas? ¿Cómo no hacer nuestras esas palabras emocionadas de Eugenio al recordar a Cristobillas, a su humilde pendón romero tan distinto de los fastuosos sinpecados de otras romerías de postín televisivo? ¿Cómo no darle la razón cuando hablaba del espanto que suponen esas romerías de muchos días de camino en las que al final se regresa a casa sin la Virgen, seguramente con el corazón tan vacío como las manos? (A estas alturas, el Pregón de Eugenio era ya mi pregón y sus palabras podían ser mías una a una.)
Eugenio Santa Bárbara aparentaba seguridad. Ya lo he dicho. Pero en el fondo el cosquilleo de las emociones hondas briseaba por encima del pellejillo de su corazón. Quería parecer distante, para sentirse más seguro, pero se nos hacía cercano porque sin remedio tenía que volver a su vida, a su vida con la Virgen, a la Virgen de su vida. Y sí, él está orgulloso por haber infundido en su hijo Jesús el encargo de venerar y custodiar a la Virgen de Guadalupe, que es –más o menos– el mismo encargo vital que a mi me gustaría dejarle a Manuel. Pero el pregonero es un hombre hábil –¡hasta saber escribir en ese endiablado lenguaje informático que es el html!–, y para que no se le quebrase la voz, porque también es lloroncete cuando se emociona, saltaba de su hijo a la fiesta romera: “a la Romería hay que ir a divertirse y pasarlo bien”. Claro, es que no se podía más que estar de acuerdo otra vez con él: ¿qué sentido tienen esas romerías a las que se va a pasar más penurias que una rata en un tirante, que diría Antonio del Castillo?, ¿qué sentido tienen esas romerías que son una fusta moral contra los romeros, un calvario, un vía crucis? Y aquí, Eugenio suelta una nueva andanada contra esas romerías donde la Virgen no es más que una excusa para los excesos, y esa andanada me transportó a mí a ese día feliz de romería en Santa Eulalia, tan lleno de amigos, de paseos de la mano de María Luisa para entrar a ver a la Virgen, tan pletóricos de fiesta mesurada. La nuestra es una Romería hecha con trozos de corazón, con recuerdos ensayados para la alegría, que no necesita parecerse a las romerías correctamente andaluzas. Por eso quien bebe del vaso de esa alegría repite siempre, porque en ella, como Eugenio supo expresar, hemos dejado momentos llenos, pletóricos de amor y de amigos, de encuentro con nosotros mismos.


LAS SOLEDADES DEL ROMERO
Y es que la Romería de la Virgen de Guadalupe también tiene, en medio de la fiesta, espacio para esa reflexión íntima, para la paz del alma. Y ahí está la soledad del romero cuando baja la cuesta camino del Gavellar, estremecido por “las almas de los que habitan en el Gavellar del cielo”. Y ahí está la emoción íntima, el íntimo temblor que provoca el entrar en el santuario y ver a la Virgen en su urna, rodeada de flores. Y ahí está la soledad –pese a que ya estamos rodeados por una multitud– que nos sacude cuando la Virgen sale para Úbeda en la media tarde, o cuando llega a la Torrenueva, momento en el que el pregonero descubrió que los que estamos en Úbeda de prestado somos nosotros, pese a que nuestra arrogancia nos lleva “a recibirla”, como si Ella no hubiese estado aquí desde hace muchos siglos, volviendo cada año, marcando el ritmo de las generaciones y de la tradición, como si no fuésemos nosotros los que pasamos mientras se queda la devoción de Úbeda a su Virgen de Guadalupe.


ALTO Y CLARO
Después de ese contenido apasionamiento por su Virgen del Gavellar, Eugenio se sintió en la obligación de explicar que no es alguien que idolatre un trozo de madera. “Hay que ser prácticos” sentenció, y por eso, lo mismo que mira las fotos de su mujer y de sus hijos cuando está solo en una habitación de hotel, lejos de ellos, mira la imagen de la Chiquitilla y le susurra y le habla, para que no esté lejos, para que convoque dentro de él la presencia de lo que invoca, y más aún para que nos acerque “al Jefe”, que es ese Niño Jesús pequeño y cobijado en el pecho de su Madre. Es Él el que nos exige valentía a la hora de reclamarnos como cristianos. Por eso, la llegada de la Virgen es fiesta, bálsamo y consuelo, pero sobre es explosión de una fe compleja que abarca desde las más sesudas reflexiones teológicas hasta la sencilla religiosidad popular. Es valiente Eugenio: exigió el derecho que cada uno tenemos de acercarnos a la Virgen de Guadalupe como Dios nos de a entender, y directamente pidió a la jerarquía, representada por el Arcipreste, que no mire por encima del hombro las expresiones fecundas de la religiosidad popular, que las proteja y las ampare y las respete y las cuide, porque son muchos los que han logrado llegar a la fe a través de esas procesiones, de esas romerías, de esas promesas tan poco comprendidas por la Iglesia oficial. La crítica de fondo a la Iglesia está llena, en el caso de Eugenio Santa Bárbara, de compromiso. Y la valentía de sus palabras es el coraje mismo de un cristiano al que le duele la Iglesia.
Lanzado ya en eso de la crítica, dice que se va a morder la lengua al hablar de algo inevitable cuando se habla de la Virgen de Guadalupe: la iglesia de Santa María. Comedido: no dice ni una de las muchas barbaridades que la vieja colegiata se han cometido, pagadas por la Junta de Andalucía y consentidas por el Obispado, pero no deja sin enumerar ni una de ellas: el dinero dilapidado, la nueva imagen del templo que en nada se parece al de 1983, el destrozo de su patrimonio o de la capilla de Jesús… (Al oírlo, yo escribí en la libretita donde tomaba notas “olé, olé y olé. Qué repaso, qué elegancia”.) Pero dice que no va a hablar de Santa María, que en este tema lo mejor es hacer lo que hemos siempre los ubetenses y que tan bien se nos da: mirar para otro lado. Santa María fue el trueno gordo de la traca del Pregón, tan vivaz, tan intenso, tan evocador.


SIMPLEMENTE GRACIAS
…”Siempre hay un de nuevo”: Eugenio ponía fin a su Pregón de la Romería dejándonos claro que esta fiesta grande de la Virgen de Guadalupe es ese “de nuevo” que necesitan nuestras almas… De nuevo el tiempo que vuelve… De nuevo la vida que vuelve… De nuevo la Virgen que vuelve “y nosotros estaremos allí emocionados para gritar VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE”, clamó sin efusiones, con la contención de un hombre entero, Eugenio Santa Bárbara al terminar su Pregón. (Palmas, la Hermana Mayor de la Archicofradía –una mujer digna de elogio, buena– que le entrega el reconocimiento, un precioso farol de la Virgen. Entonces yo, me levanté y me fui: en el patio estaban Marcos y su familia –a los que tanto apreciamos–, Paco Luis –otro hombre bueno al que apreciamos no menos que a Marcos–: charlamos mientras salíamos, por la lonja de Santiago, hacia la calle Nueva. Era de noche y creo que en la vieja capilla del Hospital se quedaron cantando por aires romeros. Camino de mi casa me pregunta si el Pregón de Eugenio había sido bueno o malo, pero no podría decirlo porque yo nunca había asistido a un Pregón de la Romería: lo único cierto que tenía es que el Pregón se había clavado en el fondo de mis memorias de romero. Estaba feliz de haber ido: la crónica ya no tenía que ser un procurar, por la cuenta que me trae, dejar en buen lugar a Eugenio: la crónica del Pregón era, es, simplemente, una manera tal vez demasiado extensa de darle las gracias a un amigo.)

Entrevista a Eugenio Santa Bárbara, Pregonero de la Romería 2010

Fernando Gámez de la Blanca



El domingo 25 de Abril a las 20 horas y en el Auditorio del Hospital de Santiago tendrá lugar el Pregón de la Romería de la Virgen de Guadalupe, Patrona de nuestra Ciudad, siendo pronunciado por D. Eugenio Santa Bárbara Martínez, Hermano de la Cofradía de la Oración en el Huerto y Nuestra Señora de la Esperanza, miembro y exdirectivo de la Real Archicofradía de Nuestra Señora de Guadalupe, como más importantes títulos que le avalan para ser el Pregonero; además es persona muy conocida y querida por su ubetensismo manifiesto, su dedicación a la docencia y sus aficiones y virtuosismo en la fotografía y en la informática, hasta el punto de que es responsable en su Centro del Departamento de nuevas tecnologías en la enseñanza; es además responsable de las Web “Úbeda en la Red” y “Cruz de Guía”; colabora con los Medios de comunicación escritos, orales y gráficos siempre con un objetivo, que casi le obsesiona positivamente, el amor y la promoción educativa, cultural, informativa y divulgativa de todo lo concerniente a Úbeda y a sus gentes; y a todo ello une una profunda, discreta, recia y sencilla religiosidad y amor a su familia y amigos que lo hacen un digno y adecuado Pregonero para la Romería de nuestra “Chiquitilla”.


1.- ¿Sorprendido por la designación para pregonar la Romería de la Patrona o lo esperabas?


Me sorprendió muchísimo. Siempre he intentado llevar mi devoción por Nuestra Señora de Guadalupe con cierta discreción, de manera muy íntima, aunque reconozco que en un pueblo como el nuestro eso no es sencillo. Tuve el honor de ser secretario de la Real Archicofradía, con don Juan Luis Millán como hermano mayor. Tal vez ésa haya sido mi faceta más pública, en relación con la hermandad, y puede que haya influido en mi designación como pregonero.
Lo cierto es que no conocía personalmente a la actual hermana mayor, doña Mariana Redondo, hasta hace unos meses, lo cual quiere decir que mi nombramiento no ha sido una cuestión de amistad. Eso me parece muy positivo porque creo que hay que aplicar criterios distintos a los de la amistad, a la hora de adjudicar responsabilidades a las personas. Supongo que la hermana mayor habrá pensado que soy una persona apta para realizar el pregón y eso me honra.



2.- ¿Qué ha supuesto para ti y para tu familia esta designación?


Curiosamente no lo he tomado como una responsabilidad, en el sentido de que pueda ser para mí una carga o un peso. Creo que todos los devotos de Nuestra Señora de Guadalupe llevamos un pregón, cosido a nuestra alma romera. Así que sólo es cuestión de organizar nuestras experiencias vitales en torno a la Virgen, para sacarlas al exterior de manera ordenada e inteligible. Creo que hay mucha gente que es capaz de eso, si esas vivencias están dentro de nuestro corazón.
Más que nada lo he tomado como un honor y como un regalo, por el que siempre le estaré agradecido a la hermana mayor. Es un honor porque estamos hablando de LA PATRONA DE ÚBEDA, así, escrito con mayúsculas. Estoy muy honrado de, como ubetense que soy hasta la médula, poder invitar a mis paisanos a participar en unos actos que giran en torno a nuestra Madre del Gavellar.
A todo eso debo añadir que voy a hacer historia, evidentemente no por mí, sino por el hecho de ser el primer pregonero designado por la primera mujer que rige los destinos de la hermandad, en los más de seis siglos de historia que tiene la devoción por Nuestra Señora de Guadalupe. Yo siempre he estado persuadido de la fuerza, la inteligencia y el empuje de la mujer en todos los ámbitos de la vida y haber sido nombrado por una mujer me enorgullece especialmente.



3.- ¿Cómo entiendes tú que debe ser un Pregón y en este caso el de la Romería de nuestra Patrona?


Yo lo he planteado en un tono festivo y optimista. He procurado huir de planteamientos derrotistas, lastimeros y acomplejados. De esos ya tenemos bastantes. La romería es una fiesta, la fiesta de nuestra Virgen de Guadalupe, que discurre en el marco del florido y luminoso mes de María y mientras todavía celebramos el jubiloso acontecimiento de la resurrección de Jesús. Si a eso añadimos que en la romería vamos por la Virgen para traérnosla a Úbeda, el enfoque del pregón no tiene más remedio que ser eufórico.
Evidentemente no se pueden evadir los elementos nostálgicos y tristes. En esas fechas, que son clave, echamos de menos a quienes nos acompañaron durante muchos años y que ahora ya no están con nosotros, a la vez que tomamos conciencia de que ya vamos cumpliendo etapas, somos más viejos y es posible que no nos queden muchas romerías. No obstante estoy convencido de que hay también un Gavellar eterno, tras nuestros días terrenales, así que ya te digo: el planteamiento de mi pregón tiene que ser gozoso.



4.- Desvélanos algo del esquema, medios a usar, contenido y objetivos que deseas conseguir al pronunciar tu Pregón.


Por deformación profesional, veo que me preguntas por el esquema y efectivamente, también por deformación profesional, lo primero que hice cuando me lo encargaron fue confeccionar un esquema con lo que quería decir, a fin de evitar dar bandazos inútiles y divagar. En ese esquema incluí los puntos que verdaderamente tenía ganas de contar y que no quería que se me pasasen, por una u otra razón.
El pregón comienza explicando cómo fue mi acercamiento a la Virgen de Guadalupe, desde una familia de padres forasteros. Pertenezco a la primera generación de devotos de María del Gavellar dentro de mi familia y resulta curiosa la forma en que la Virgen me llamó. Luego hablo de muchas de las personas que me ayudaron a ir consolidando esta devoción guadalupana, de mi paso por la directiva de la Real Archicofradía, describo mi forma, íntima y muy personal, de vivir la romería y reivindico el enorme valor de estas manifestaciones de religiosidad popular.
El grueso del texto aporta argumentos, un poco peculiares, para convencer a mis paisanos de la grandeza de nuestra romería y de lo importante que es el acudir a ella.
Hay “alguna cosilla” más, de carácter muy íntimo y muy personal, pero ésa no quiero desvelarla hasta la noche del domingo, día 25.



5.- Como docente, ya curtido en años y experiencia de trato con los niños y con la juventud, ¿has pensado también y sobre todo en ellas y ellos al realizar el Pregón?


Siempre pienso en los niños, pero sobre todo pienso en sus padres. Salvo excepciones, nuestros hijos son lo que nosotros queramos que sean. No lo son por imposición, sino por el hecho de que, cuando uno es adulto, termina adoptando las formas, las costumbres y las creencias que se respiraban en el seno de su familia, durante la niñez. La importancia de la familia en la evangelización es esencial. Si en una familia se vive un ambiente cristiano, cofrade y comprometido, es bastante difícil que los hijos no recojan ese testigo.
En mi pregón, yo he personalizado este tema de los niños a los que, sin imposiciones, transmitimos nuestra fe, en mi hijo Jesús que, con sus 15 años recién cumplidos, es un fiel devoto de su Madre del Cielo y lo es porque él así lo ha decidido, a la vista de lo vivido en su casa.



6.- ¿Nos das alguna frase, alguna breve reseña que englobe o resuma lo que vas a decir a la “Chiquitilla” y al pueblo de Úbeda en general; o prefieres no dar pistas?


No sé hasta qué punto una frase, sacada de contexto, puede dar pistas sobre un pregón que dura unos cuarenta minutos. Creo que no me importará adelantarte que en él hablo de la Virgen como, aunque pueda sonar cursi, lo hace un enamorado de su amada porque lo nuestro fue un flechazo. Fue algo muy parecido a lo que me ocurrió con María Santísima del Auxilio, de la hermandad salesiana del Prendimiento. Fíjate que, aparte de serlo de la Real Archicofradía, sólo soy cofrade de la Oración en el Huerto y mi devoción por la advocación de la Esperanza se fraguó de otra manera. Con las de María de Guadalupe y del Auxilio tuve “un amor a primera vista” y eso marca hondamente. Ese enamoramiento marca bastante todo lo que es el pregón.



7.- Hablemos un poco ahora de ti, aunque en los ambientes cofradieros y en la Red informática eres superconocido y el presentador del acto lo hará y muy bien; pero ¿de dónde viene tu fervor Mariano y sobre todo Guadalupano?


No sé lo que hará el presentador del acto. Ya me ha dejado claro que si ese día se le presenta un plan mejor, tendrá que presentarme el conserje del Hospital de Santiago o algún voluntario que ande por allí (risas).
Mi fervor por Nuestra Señora de Guadalupe, como ya te he dicho, no me llega por tradición familiar. Simplemente la Virgen me llamó. Estoy convencido de ello. La Virgen siempre te llama. El día 25 te contaré cómo fue. A raíz de esa llamada siempre ha estado conmigo en los momentos de felicidad, pero sobre todo ayudándome y confortándome en los malos tragos que la vida te proporciona. Jamás nos ha dejado a mí y a los míos y mi devoción es una cuestión de fe pero, sobre todo, de agradecimiento eterno.



8.- ¿Qué le falta a nuestra Romería para ser más masiva, más atractiva, más esplendorosa si cabe, y más participativa sobre todo para la juventud? ¿O quizás le sobran “adherencias” inútiles para que brille con luz más propia?


Ésa es una de las cosas que, como te he dicho antes, quiero dejar muy clara en mi pregón. A nuestra romería no le sobra ni le falta nada. Se trata de una romería íntima, sencilla y doméstica, donde vamos quienes queremos. En ella no sobra ni falta nadie, más que los que tuvieron que quedarse por cuestiones de salud, trabajo o porque ya descansan en la paz del Señor. Creo que perdería todo su encanto si alguna vez llegara a masificarse.
Haciendo una comparativa con otras, más mediáticas y multitudinarias, la nuestra sale siempre ganando. Eso también lo voy a razonar en el pregón y espero que, al final, los asistentes salgan convencidos. Yo voy a poner en esa defensa toda mi capacidad de persuasión.



9.- ¿Serías partidario de que nuestra Patrona visitara a los enfermos e impedidos? ¿Y que visitara rotativamente las distintas Parroquias ubetenses?


Esas cosas implican trabajo, mucho trabajo por parte de la directiva de la Real Archicofradía y yo no soy nadie para “recetarles” más trabajo del que ya tienen, que es mucho. Úbeda no deja de ser un pueblo, un pueblo en el que no hay grandes distancias, por eso no le veo demasiado sentido a que la imagen de la Virgen visite cada una de las parroquias. Desde cualquier punto de la ciudad uno puede acercarse a San Pablo, sin quebranto alguno.
Lo que sí me parece muy acertado es la visita de nuestra Madre a enfermos e impedidos. Ellos no pueden ir a visitarla, ni siquiera en coche y la Virgen es un bálsamo para el dolor humano y un consuelo para los afligidos. Sólo tengo que imaginarme a mí mismo postrado en una cama… Recibir la visita de María de Guadalupe sería lo más grande que me podría ocurrir.



10.- ¿Cómo ves que nuestra Real Archicofradía esté presidida por Mariani Redondo, la primera mujer que lo hace en toda la historia de esta Asociación Patronal?


Ya lo decía al principio: con Mariani Redondo Moreno se ha empezado a escribir otra parte de la historia de la Real Archicofradía. Intuyo que se trata de un capítulo muy importante porque, desde su etapa en la anterior junta directiva, yo ya la tenía catalogada como una mujer de una enorme devoción por Nuestra Señora, incansable, muy trabajadora, de las que van a servir y no a servirse y sobre todo muy cercana y humilde. Creo que alguna vez le he llegado a decir que está bien ser sencillo pero que, de vez en cuando, tiene que “sacar pecho” por un trabajo bien realizado.
Las mujeres siempre han sido el motor de las hermandades. Yo las conozco bien, me refiero a las hermandades, a las mujeres no es tan fácil conocerlas (risas). Siempre han estado en la sombra, atizando el trabajo de los directivos y metiendo el hombro. Ya era hora de que pasasen a ocupar un primer plano. Una cofradía de Semana Santa, la Hermandad de Costaleros, tiene al frente una mujer, igual que la de la Virgen del Carmen, pero parecía que la cofradía patronal era “cosa de hombres”, como aquello que decían del coñac.
Mariani ha abierto una puerta y hecho añicos algo que era tabú en nuestra ciudad. Yo me alegro infinitamente y espero que sean muchas las mujeres que, “con un par de narices”, vayan llegando a la primera línea de gobierno de nuestras hermandades. Lo tiene más que ganado.



11.- Existe un reciente blog de la Cofradía titulado “Chiquitilla del Gavellar”, ¿qué nos puedes decir de él?


Me perece una iniciativa muy interesante. José Manuel Almansa lo lleva muy bien y está en permanente contacto conmigo para que aparezcan en Cruz de Guía las noticias que la Real Archicofradía publica en su blog.
A los viejos internautas nos gusta decir que lo que no está en Internet no existe por lo que “era ya un sacrilegio” el que no se viesen reflejadas en la Red las noticias generadas por la Real Archicofradía. Dejar constancia de ellas en el ciberespacio, es otra forma de evangelizar y de mantener bien informados a muchos ubetenses que residen lejos de nuestra ciudad. Abrir este blog y conceder a ese mundo virtual la importancia que se merece, indica el carácter abierto e integrador de la actual directiva y es signo de que sus miembros “están en el mundo”.



12.- ¿Deseas añadir algo más?


Creo que me he excedido en la extensión de las respuestas, así que poco más añadir. Simplemente me gustaría que mi pregón tuviese realmente el efecto que pretende: el de animar a los ubetenses a sumarse a la romería pero, sobre todo, a la devoción por la advocación de Guadalupe, que es la más representativa de nuestro pueblo.


* * *


Y a lo dicho del Pregonero, al principio de la entrevista, añadan ustedes toda la riqueza de expresión, de ideas y de “mundo interior” del amigo Eugenio, que de esta entrevista se deducen, para hacerse una idea más exacta de su persona y para motivarlos a escucharlo el domingo pronunciando su Pregón.
Gracias Eugenio por tu amabilidad y disponibilidad. Estaremos presentes en el Auditorio. ¡Que la Virgen de Guadalupe te recompense y te pague como mereces!




NOTA: desde la Real Archicofradía, agradecemos públicamente a Fernando Gámez de la Blanca por su colaboración desinteresada y las facilidades para la publicación de la entrevista realizada al Pregonero de la Romería 2010.

Pregón de la Romería 2010

El próximo domingo 25 de abril, a las 20'00 horas, en el Hospital de Santiago, será el tradicional Pregón de la Romería 2010. El mismo correrá a cargo de D. Eugenio Santa Bárbara Martínez, director de la web cofrade Cruz de Guía.
El pregonero es un conocido semanasantero, siendo hermano de la Cofradía de Nuestro Señor de la Oración en el Huerto y Nuestra Señora de la Esperanza. Además, es un devoto guadalupano, habiendo sido secretario de la Real Archicofradía de la Virgen de Guadalupe.
El pregonero será presentado por el hermano mayor de la cofradía de la Santa Cena, D. Marcos Expósito Morillas.
Durante el acto se impondrán las bandas a las Romeras Mayores y Damas de Honor, pertenecientes al Colegio EE.PP. Sagrada Familia.
El acto será amenizado por el Coro Romero "Virgen del Gavellar"


Fotografía por gentileza de D. José Luis Latorre Bonachera